lunes, 9 de septiembre de 2013

BATALLÓN DE MILICIAS DISCIPLINADAS “VOLUNTARIOS DE CASTRO”
                        Al igual que el batallón veterano, las milicias de Chiloé fueron reestructuradas en 1807. Si bien la intención inicial era formar un regimiento con tres batallones, cada uno constituido por 9 compañías de fusileros y 1 de granaderos, las diversas circunstancias locales y económicas, sumadas a la escasa Asamblea Veterana, solo permitieron que se organizara un batallón de cinco compañías (una de granaderos) con 11 oficiales y 367 suboficiales y soldados.
                        Con la llegada del brigadier Pareja a la isla en enero de 1813, el teniente José Rodriguez Ballesteros, con grado de sargento mayor, procedió a reorganizar el batallón incluyendo a los miembros de la Asamblea Veterana de Lima que venían en la expedición. El batallón ahora con una compañía de granaderos y cinco de fusileros se embarcó rumbo a Valdivia con un total de 374 plazas (incluyendo 19 oficiales). Después de conquistar Talcahuano y de la rendición de Concepción (27 y 28 de marzo de 1813), el batallón, siempre al mando del sargento mayor Ballesteros, fue reforzado por los voluntarios del batallón veterano de Concepción, hasta alcanzar su total reglamentario de algo más de 460 hombres (66 granaderos y 77 por cada una de las 5 compañías de fusileros).
                        A pesar del duro escarmiento de Yerbas Buenas, donde el batallón sufrió el mayor peso del ataque independentista, y de su insubordinación en la ribera del Maule, los milicianos de Castro se mantuvieron fieles a su bandera, no así los soldados penquistas que desertaron en masa. En Linares el batallón reunía poco más de 330 hombres y solo hay evidencias de deserción en la quinta compañía de fusileros antes de la batalla de San Carlos. Estos infortunados se sumaron a los desertores realistas capturados durante la batalla y fusilados en el mismo campo.
                        Durante el resto de la campaña de 1813 y la campaña del otoño de 1814 los voluntarios de Castro se desempeñaron a completa satisfacción de sus oficiales, actuando como cuerpo durante los combates del sitio de Chillán o como partidas de voluntarios que integraban las guerrillas realistas, formadas por fusileros montados que hostigaban constantemente los núcleos de las fuerzas del ejército independentista. La tregua que siguió al Tratado de Lircay permitió a Gainza disciplinar a todo su ejército, logrando que las milicias chilotas alcanzaran un nivel de instrucción semejante a los cuerpos veteranos. Sin embargo los rigores de la campaña habían mermado considerablemente su número. Es así como el batallón de “Voluntarios de Castro”, que integraba la primera división del ejército de Osorio, en septiembre de 1814 sumaba menos de 270 hombres, sin embargo contaba con 22 oficiales, lo que refleja su mejor instrucción.
                        Después de la batalla de Rancagua y reconquista de Santiago, los voluntarios de Castro pasaron a guarnecer la villa de Quillota, aumentando su número con reclutas del país. En noviembre de 1814 su estado militar da un total de 393 hombres, que aumentan en abril de 1815 a 436 plazas distribuidas en una compañía de granaderos, cinco de fusileros y una plana mayor (Coronel José Rodríguez Ballesteros; Sargento mayor José Miralles, 2 ayudantes, un capellán, 4 oficiales agregados, un cabo de gastadores y 4 gastadores). Este contingente se embarcó junto a los Cazadores de Chile (una compañía) y dos compañías del batallón Valdivia rumbo a Arica, para integrarse al ejército de Pezuela en el Alto perú.
                        Los chilotes desembarcaron en Arica el 5 de junio de 1815, a las órdenes del coronel Ballesteros y llegaron el 23 de julio a Challanta donde se amalgamaron con las compañías que el Coronel Maroto había llevado del batallón Talavera a comienzos de mayo, formando el tercer batallón del regimiento Victoria con un total de 800 hombres. En esta unidad los voluntarios de Castro siguieron combatiendo en el ejército realista del Perú hasta la batalla de Ayacucho.

                        Con respecto al uniforme: No he encontrado evidencias de que las milicias de Chiloé hayan vestido algún tipo de uniforme hasta la llegada de Pareja. Este brigadier les proporcionó las piezas de uniforme traídas de Lima, consistentes en chaquetas (sin faldones) azules con vueltas y cuellos rojos y botones dorados. Los chupines y pantalones eran blancos y se cubrían con gorras cuarteleras “de plato” azules con banda roja. El calzado usado mayoritariamente era la ojota chilota con medias de lana cruda. Durante la tregua de Lircay se proporcionaron algunas chaquetas de tocuyo azules con divisa roja, pero con botones plateados, en tanto las gorras cuarteleras eran reemplazadas, como elemento distintivo del ejército realista durante el mando del coronel Sánchez por gorros de lana rojos. El batallón no disponía de capotes, ni abrigos y los soldados se protegían del frío y la lluvia con ponchos de distintas tonalidades de gris o marrón. No he investigado el período de la Reconquista en Chile, por lo que no dispongo de datos referentes al uniforme que los chilotes vistieron después de Rancagua, pero es probable que usaran las casacas azules con solapa roja capturadas a los independistas en Los Andes.
Voluntarios de Castro al inicio de la campaña de 1813, equipados con morrales de lienzo y ponchos de distintos colores terciados sobre el hombro izquierdo. 

Vista ampliada del oficial y del tambor (sin galón distintivo). Se aprecia la variedad de pantalones y ojotas marrones o polainas negras.

Sargento primero

Vista posterior


2 comentarios:

  1. Estimado, te envio el enlace al mapa de las Campañas de los Voluntarios de Castro
    https://drive.google.com/open?id=1FKMHHLGnyDw-IIClbKrL5S7FtJ4rckZ2&usp=sharing

    Te agradecería me apoyes corrigiendo o aportando antecedentes.

    ¡Muchas gracias por tu inspiración!

    El mapa se puede insertar en cualquier blog,esta abierto (es publico) saludos

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