domingo, 31 de octubre de 2021

 

Banderas Olvidadas

                        Por esas cosas de Internet, me encontré con la agradable sorpresa de que Desperta Ferro Ediciones publicó, en 2019, una nueva edición del magnífico estudio de don Julio Albi: “Banderas Olvidadas, el ejército realista en América” impreso por Ediciones de cultura hispánica en 1990. Un ejemplar de esta edición decora mi biblioteca con sus hojas amarillas y bordes grises que testimonian innumerables lecturas, consultas rápidas y marcadores de páginas adheridos, para recordar la ubicación de datos siempre útiles.

                        Como homenaje a esta obra (que recomiendo como imprescindible para los interesados en el tema) y a su autor titulé esta entrada, que se refiere a las banderas realistas e independentistas del período de la Patria Vieja, por el destino incierto de dichas enseñas en la memoria de los pueblos.

                        Ya se ha comentado en otras entradas de este blog que las banderas realistas que sobrevivieron al período no han sido correctamente clasificadas y su origen es incierto. Esto es especialmente cierto al referirse a las banderas que, en mi opinión corresponden al regimiento de milicias Voluntarios de Castro: Existen 3 ejemplares en distintos museos, pero por poseer los mismos escudetes, se puede asegurar que corresponden a la bandera coronela y dos banderas sencillas de un regimiento de 3 batallones. La coronela se exhibe en el “Memorial de la Bandera del Ejército de Los Andes” en la ciudad de Mendoza, junto a otra bandera realista, al parecer perteneciente al regimiento Arequipa. Sin embargo, se asevera que ambas banderas fueron capturadas en Chacabuco y corresponderían a las banderas de los batallones Chiloé y Valdivia.

Bandera coronela del regimiento
 

                       Una de las banderas sencillas se encuentra en el Museo Histórico del Norte en la ciudad de Salta y se afirma haber sido capturada en la batalla de Cerro Pasco y la otra bandera sencilla en el Museo Histórico de San Luis, en la ciudad homónima argentina. También se asevera que fue capturada en Chacabuco. Esta última enseña se nota ha sido mal restaurada, recortando los escudetes y desplazándolos, de manera de que la bandera es rectangular, en vez de ser cuadrada como las otras dos. Es posible que se hayan perdido jirones de la tela original y quienes la recompusieron, se imaginaron que debía ser rectangular. En el Museo estuvieron haciendo un trabajo fotográfico a cargo de un estudiante (Emiliano Arias), con quien traté infructuosamente de contactarme para obtener imágenes más claras de los escudetes.

Bandera sencilla exhibida en el Museo de Salta


Bandera sencilla del Museo de San Luis. Notese que la cruz de borgoña esta invertida con respecto a la anterior. Es evifente que los escudetes fueron recortados y cocidos en posición anómala (la corona debe estar apuntada por los extremos de las aspas de Borgoña.

                        En los últimos meses he recibido alguna información adicional con respecto a estas banderas; concretamente a los escudetes, proporcionada por don José Luis Calvo y Rodrigo Galeano. Ambos concuerdan en que puede tratarse de la representación de una isla fortificada y ahondan en detalles, en la medida que la calidad de las imágenes disponibles del original lo permite.

Esta es la representación de la coronela que hace Rodrigo Galeano...

Y este el detalle del escudete. 




Don José Luis Calvo reconoce la imagen que representa a la religión, como la Santa Fé de Granada, representada aquí en un parche de distinción del ejército realista de Nueva España.

En este esquema, don José Luis interpreta la base de la Santa Fé como árboles y una luna, aunque reconoce la imagen poco nítida. Coincide con Rodrigo Galeano en el arco y carjac.

Por último, la imagen del borde costero, las torres y... bocas de fuego: imagen heráldica que representa a los cañones. Para don José Luis no se trataría de árboles, sino que una clara representación de una isla fortificada y artillada. 

Don José Luis apoya su impresión con esta imagen de las bocas de fuego.

                        Como se puede ver, tenemos tres banderas realistas presentes, pero con su historia olvidada. En el caso de las banderas independentistas, la situación es inversa: Su destino final se ha olvidado, pero su historia se ha conservado y se recuerda año a año:

                        Al terminar la matanza de Rancagua el 2 de octubre de 1814, las victoriosas tropas realistas arrojaron a los pies del general Osorio 4 banderas independentistas capturadas. A su ingreso a Santiago se arrió la bandera de la casa de gobierno, de mayor tamaño que las banderas de combate, a la que se agregó otra bandera grande, aunque con su franja blanca arrancada, capturada en el puerto de Valparaíso. Una última bandera de combate, la del 4° batallón independentista, fue capturada en el combate de Los Papeles el 13 de octubre de 1814. Estas siete enseñas fueron enviadas a Lima con una escolta formada por seis hombres escogidos (2 por cada división).

                        La noticia de la victoria en Rancagua, con la consiguiente reconquista de la Capitanía General de Chile, fue celebrada apoteósicamente en la capital del Virreynato y, Abascal no tuvo inconveniente en cumplir el pedido de Osorio, depositando las banderas independistas en el altar de la Virgen del Rosario en la Iglesia de Santo Domingo, luego de una masiva procesión y varios oficios y Te Deum religiosos.

                        Es difícil imaginar el tropel de emociones que se deben haber agolpado en las cabezas y corazones de las veteranos de Rancagua que, llegando a Lima con los batallones del Ejército Libertador el 10 de julio de 1821, descubrieron los mudos testigos de su desesperada lucha y derrota de casi siete años atrás. El 21 de julio, el general San Martín encargó al coronel José Manuel Borgoño que repatriara las cuatro banderas de Rancagua. De las otras tres no se tienen más noticias.

                        Borgoño llegó a Santiago el 14 de agosto con las preciosas reliquias, que fueron saludadas con salvas de 100 cañonazos, fiestas y solemne Te Deum. ¿Qué habrá pensado O’Higgins al recibirlas?... Es más difícil aún imaginarlo. Nunca consideró la bandera de la Patria Vieja como un símbolo nacional, sino que más bien una enseña de la familia Carrera. Pero las inmensas muestras de alegría y emoción popular al recibirlas (ver la Gazeta Ministerial de Chile, edición extraordinaria del 15.8.1821) deben haber influido en su decisión final, recién el 26 de septiembre, de devolverlas a la plaza de Rancagua, concretamente a la Iglesia Matriz.

                        El 29 de septiembre, el sargento mayor Antonio Millán comandaba la siguiente escolta de los estandartes recuperados:

Sargento mayor graduado don Francisco Gaona        ayudante mayor de plaza

Capitán don Luis de la Cruz                                       Escolta Directorial

Ayudante mayor don José Villarruel                          Guardia de Honor

Teniente don Juan Vidaurre                                       Escolta Directorial

Teniente don José I. García                                       Escolta Directorial

Teniente don Agustín Vidaurre                                  Batallón N°7

Teniente don José Baeza                                            Guardia de Honor

Teniente don Manuel Aispurúa                                  Compañía de Plaza

Teniente don Lorenzo Luna                                        Compañía de Plaza

                        La comitiva fue recibida con honores y marchas militares el 1° de octubre de 1814 y al día siguiente recorrieron en procesión religiosa, junto a la Virgen del Carmen los templos de la ciudad, hasta ser depositadas en el Presbiterio de la Iglesia Matriz. Las festividades duraron 4 días y las banderas descansaron en paz… hasta 1872.

                        Con motivo de la inauguración del monumento ecuestre de Bernardo O’Higgins en la alameda de Santiago, las banderas de Rancagua fueron removidas de su justo reposo para realzar la solemnidad de la ocasión el 9 de marzo. Terminadas las fiestas, las banderas desaparecieron y no se ha vuelto a saber de su destino.

                        Joaquín Garay Reyes, en el tomo 2 de sus “Motivos Rancagüinos” publicado en 1968, siguiendo un rumor de la época sugiere que las banderas fueron entregadas, en gesto de caballeroso galanteo a una dama de la alta sociedad capitalina, postulando como posibles candidatas a la madre, esposa o hija del presidente de entonces, Federico Errázuriz Zañartu. De ser verdad esta suposición, yo creo que se debieron entregar a alguna dama descendiente de la familia Carrera… Lo concreto es que no se supo más de estas banderas y, lo que es peor, somos muy pocos los que recordamos su existencia. Garay Reyes ingenuamente espera en su libro que en el año 2014 se buscaran con más ahínco los preciosos pendones… No podía imaginarse que ese año los chilenos solo tendríamos tiempo para sentarnos frente al televisor y expresar nuestro “patriotismo” gritando la canción nacional en el mundial de futbol Brasil’2014.

                        Si bien las banderas se han perdido, la ciudad de Rancagua ha rehusado olvidarlas y todos los años, con motivo del aniversario de la batalla, realiza una ceremonia en la que escolares pasean y presentan en la plaza, frente al monumento a O’Higgins unas reproducciones de las banderas perdidas. ¡Aún tenemos Patria ciudadanos!

Presentación en la plaza de Rancagua de réplicas de las banderas recuperadas. Ceremonia del 2 de octubre de 2019


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