domingo, 29 de septiembre de 2013

DONALD FEATHERSTONE Y WARGAMES DE LA PATRIA VIEJA

                        El 3 de septiembre de este año, a la edad de 95 años falleció Donald Featherstone, considerado el padre del wargame moderno. Autor de más de 75 libros de wargames e historia militar, se mantuvo activo y vigente hasta su deceso. Como prueba, pueden ver este video. Aunque grabado en 2009 da una idea de su vitalidad y pasión (ojalá yo a los 91 años tenga la capacidad física y mental para seguir con proyectos y publicando libros).
                        En mi biblioteca tengo dos de sus libros y, aunque hay varios aspectos de sus principios que no comparto, no puedo negar que me inspiraron para buscar la manera de recrear en wargames los combates de la Patria Vieja. En el apéndice de su libro “Battles with model soldiers” Escribe (traducción mía): “Nada en estas páginas es un dictamen, no se dice que las cosas se deben o debieran hacer de esta manera. Por el contrario, el libro se plantea desde su comienzo para estimular al lector a pensar por si mismo, usando lo que ha leído solo como un fundamento para obras e ideas que reflejen su propio temperamento y carácter. Solo de esta forma obtendrá la máxima satisfacción del hobby de batallar con soldados en miniatura.”
                        De esta forma, aunque Don F. no hubiese oído hablar de Yerbas Buenas o San Carlos, estimula a quien se interese en el período a adaptar o crear reglamentos de juego existentes, de tal manera que reflejen las condiciones de la guerra en Chile en 1813. Asimismo, da alas a nuestra imaginación y nos impulsa a tomar cuchillas, masillas y pinturas para modificar figuras y “vestirlas” como realistas e independistas, en fin, permite que podamos desarrollar un pasatiempo sin tener que buscar en el comercio los elementos precisos. Solo necesitamos la pasión, dedicación y la información adecuada. El resultado será el reflejo, como Don dice, de nuestro temperamento y carácter.
                        Y, como ejemplo, les muestro algunas figuras que utiliza en sus wargames Antonio Giubergia, quien tuvo la amabilidad de enviarme estas fotos.

Batallón Concepción. A izquierda compañía de granaderos.  Al centro oficial y Tambor.

Batallón Concepción, vista posterior.
Batallón de Milicias de Concepción.

Batallón de milicias Voluntarios de Castro.

Dragones de la Frontera.





sábado, 21 de septiembre de 2013

“CRÓNICA MILITAR DE LA PATRIA VIEJA” SALIÓ DE LA IMPRENTA.

                        Con la llegada de la primavera al hemisferio sur ha salido de la imprenta, ¡al fin! Mi libro: La “Crónica Militar de la Patria Vieja” ha completado su largo camino desde mi computador hasta el papel impreso. En este camino ha debido pasar por manos de revisores ortográficos, diagramadores, oficinas de Derechos de Autor e impresores. Fue transferido a diversos pendrives y CDs e impreso en blanco y negro, color y en formato de cuadernillos antes de ingresar a la máquina de impresión definitiva. En este trayecto lo único que cambió sustancialmente fue el formato. Del tamaño carta original (21.6 x 28 cms.) se redujo a 17.3 x 24 cms. ¿El motivo de esta reducción?: El gusto de los chilenos. Fueron muy enfáticos en la Editorial Salesianos al respecto: "El tamaño carta se usa para publicaciones de jardinería o recetarios de cocina." Un libro de historia o de temas “serios” se prefiere en un tamaño más manejable… Aunque no lo crean, fueron muy intransigentes al respecto. De nada valió referirse alas series de OSPREY y similares. La respuesta fue la misma: “Afuera puede que sea así. ACÁ NO.” De todas maneras, esos 4 cms. solo significaron una reducción en el tamaño de la letra, el número de páginas no aumentó y las figuras y diagramas no perdieron resolución en forma significativa.
María de los Ángeles con las primeras pruebas de imprenta.
Una última y acusiosa revisión, que significó retrasar
 en dos semanas la publicación, por falla en los márgenes
de una página.
                        Como les comenté en una entrada anterior, María de los Ángeles es la dueña de los derechos de autor y ella es la que lo venderá. Para contactarse y consultar precios, condiciones de pago y de envío, les adjunto su correo electrónico:

           beto.ediciones@gmail.com

             Para los interesados no hispano parlantes: Traté de usar un lenguaje fácil y cotidiano, pero para evitar redundancias es posible que, inevitablemente existan dificultades en la traducción. Justamente, uno de los motivos de crear este Blog fue el solucionar todos estos conflictos del idioma, ya sea resolviendo dudas puntuales, traduciendo párrafos o explicando el significado de algunas inflexiones del idioma español que no se pueden traducir literalmente al inglés. Espero que la "Crónica Militar de la Patria Vieja" pueda cumplir con las espectativas de quienes lo lean... si no es así, espero sus dudas y críticas; todas serán publicadas y contestadas hasta que el lector quede satisfecho o el autor reconozca hidalgamente que ha cometido algún error.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

EL 18 DE SEPTIEMBRE DE 1813

                        Hoy mi rutina para conmemorar la instalación de la Primera Junta Nacional de Gobierno ha sido bastante relajada: regalonear un poco en cama; un trote suave después de un desayuno viendo la inauguración de las ramadas y el Tedeum (las mismas noticias se repiten una y otra vez en todos los canales); almuerzo de empanadas con un buen tinto (Curicó es un paraíso en el que abundan las hermosas mujeres y una excelente variedad de vinos) y luego una siesta como la que dormían mis abuelos… Con María de los Ángeles hemos empezado con los arreglos hogareños de primavera y no tenemos intenciones de visitar las ramadas aún… Mientras arreglaba la maquina de cortar pasto me puse a pensar en como los chilenos celebramos nuestra “chilenidad” bailando cumbias colombianas y tomando pisco peruano (fabricado en Chile) con Coca-Cola estadounidense: la "piscola". La "chelita" es la versión nacional de la cerveza alemana. Es cierto que se ven muchas mas cuecas que en mi juventud y que el “Terremoto” (vino blanco con granadina y helado de piña) es un híbrido nacional que ha reemplazado al whisky, ron y tequila, pero así y todo me es difícil sentir que se conmemora el nacimiento de mi nación asistiendo a una fiesta que es similar a cualquiera que se realice en el país en cualquier época del año. Lo único que cambia es un poco la escenografía, pero las comidas, bebidas y bailes… siempre lo mismo. De todas maneras, y como en todas las fiestas, se pasa ¡muy bien! y, como para pasarlo bien no es siempre necesario pensar: ¡A disfrutar chilenos, que el mundo no se va a acabar, pero podría!
                        Sin embargo, antes de ir a las ramadas a perder unos cuantos miles de neuronas y células hepáticas, me traté de imaginar qué estaba pasando en el país hace 200 años y esto es lo que quiero compartir con ustedes:
                        El sábado 18 de septiembre de 1813, en el Monitor Araucano Camilo Henríquez publicó un “Discurso en el aniversario de la instalación del Nuevo Gobierno” cuyos párrafos finales fueron los siguientes:
                “Estamos en estado no sólo de aprender a ser libres, sino de pelear por la libertad, y de conquistarla. Jamás será libre un pueblo en que no resplandezca el interés: sin desinterés no hará más que pasar de tiranía en tiranía. Sin desinterés se prefiere el engrandecimiento propio al bien público; el engrandecimiento de las familias a la utilidad y gloria del Estado. Todo esto debe tratarse más extensa y detenidamente. La libertad se conquista por la fortaleza y firmeza del Gobierno unidas a la sagacidad; por la disciplina de las tropas; y por la disposición del pueblo a hacer sacrificios. Lo primero prueba carácter y grandeza de ánimo en la administración; lo segundo honor, a la fuerza armada; lo tercero generosidad, bizarría, ilustración, y pundonor popular.

                        El gobierno, más preocupado de la guerra y de como quitar el mando del ejército a la familia Carrera, trasladó las celebraciones oficiales al 22 de septiembre, día en el que la aristocracia y el pueblo de Santiago concurrieron a varios servicios religiosos durante la mañana y la tarde. También se sortearon las 50 madres, viudas e hijas de soldados caídos en acción que recibirían un socorro económico del gobierno.
                        En el sur, la guerra no mostraba indicios de una pronta resolución. El ejército independentista se recuperaba del desastroso Sitio de Chillán distribuido en tres núcleos aislados entre sí por las guerrillas realistas: El coronel Juan de Dios Vial se había retirado de Cauquenes hacia Talca, dejando a las guerrillas de Olate dueñas de los campos del sur del río Maule hasta Quirihue. En el centro, la división de Juan José Carrera se preparaba para retirarse de Quirihue y fortificarse en El Membrillar. Esta maniobra debía realizarse bajo el acoso de la guerrilla de Clemente Lantaño que extendía sus operaciones de Quirihue a Coelemu. En Hualqui, el coronel O’Higgins se mantenía en observación de la guerrilla del coronel Ildefonso Elorreaga que dominaba toda la Isla de Laja y que prolongaba sus incursiones desde Yumbel a Nacimiento. José Miguel Carrera concentraba en Concepción con los restos de la Primera División que se había retirado de Chillán. El grueso del ejército realista estaba en Chillán bajo las órdenes del coronel Juan Francisco Sánchez, quien envió al capitán del Valdivia, Manuel Lorca a ocupar La Florida, mientras los milicianos realistas de Arauco, dirigidos hábilmente por el teniente coronel de milicias Manuel Martínez, cerraban el cerco de Concepción ocupando San Pedro y toda la ribera sur del río Biobío.
                        A pesar de la comprometida situación militar, el general Carrera se dio ánimo para celebrar en Concepción “con todo el aparato posible el aniversario de nuestra regeneración” con una misa de acción de gracia en la Catedral y una cena bailable en su casa, a la que asistieron numerosos invitados de ambos sexos, quienes mantuvieron el jolgorio hasta las 8 de la mañana siguiente. A esta fiesta no pudo concurrir el teniente Bernardo Barrueta que salió con 40 fusileros a reforzar al teniente Juan Felipe Cárdenas que se retiraba de La Florida.

                        No he encontrado datos de lo que ocurría en Coquimbo, la tercera provincia de Chile, pero los abundantes donativos a la causa independentista y la lejanía de la pasiones anti-carrerinas de la capital, hacen suponer que debe haberse realizado el habitual servicio religioso y alguna cena encabezada por el gobernador coronel Tomás O’Higgins.
                 Con respecto a Valdivia y Chiloé… bueno, eran enclaves realistas, así es que el 18 de septiembre de 1813 fue un día más…

lunes, 9 de septiembre de 2013

BATALLÓN DE MILICIAS DISCIPLINADAS “VOLUNTARIOS DE CASTRO”
                        Al igual que el batallón veterano, las milicias de Chiloé fueron reestructuradas en 1807. Si bien la intención inicial era formar un regimiento con tres batallones, cada uno constituido por 9 compañías de fusileros y 1 de granaderos, las diversas circunstancias locales y económicas, sumadas a la escasa Asamblea Veterana, solo permitieron que se organizara un batallón de cinco compañías (una de granaderos) con 11 oficiales y 367 suboficiales y soldados.
                        Con la llegada del brigadier Pareja a la isla en enero de 1813, el teniente José Rodriguez Ballesteros, con grado de sargento mayor, procedió a reorganizar el batallón incluyendo a los miembros de la Asamblea Veterana de Lima que venían en la expedición. El batallón ahora con una compañía de granaderos y cinco de fusileros se embarcó rumbo a Valdivia con un total de 374 plazas (incluyendo 19 oficiales). Después de conquistar Talcahuano y de la rendición de Concepción (27 y 28 de marzo de 1813), el batallón, siempre al mando del sargento mayor Ballesteros, fue reforzado por los voluntarios del batallón veterano de Concepción, hasta alcanzar su total reglamentario de algo más de 460 hombres (66 granaderos y 77 por cada una de las 5 compañías de fusileros).
                        A pesar del duro escarmiento de Yerbas Buenas, donde el batallón sufrió el mayor peso del ataque independentista, y de su insubordinación en la ribera del Maule, los milicianos de Castro se mantuvieron fieles a su bandera, no así los soldados penquistas que desertaron en masa. En Linares el batallón reunía poco más de 330 hombres y solo hay evidencias de deserción en la quinta compañía de fusileros antes de la batalla de San Carlos. Estos infortunados se sumaron a los desertores realistas capturados durante la batalla y fusilados en el mismo campo.
                        Durante el resto de la campaña de 1813 y la campaña del otoño de 1814 los voluntarios de Castro se desempeñaron a completa satisfacción de sus oficiales, actuando como cuerpo durante los combates del sitio de Chillán o como partidas de voluntarios que integraban las guerrillas realistas, formadas por fusileros montados que hostigaban constantemente los núcleos de las fuerzas del ejército independentista. La tregua que siguió al Tratado de Lircay permitió a Gainza disciplinar a todo su ejército, logrando que las milicias chilotas alcanzaran un nivel de instrucción semejante a los cuerpos veteranos. Sin embargo los rigores de la campaña habían mermado considerablemente su número. Es así como el batallón de “Voluntarios de Castro”, que integraba la primera división del ejército de Osorio, en septiembre de 1814 sumaba menos de 270 hombres, sin embargo contaba con 22 oficiales, lo que refleja su mejor instrucción.
                        Después de la batalla de Rancagua y reconquista de Santiago, los voluntarios de Castro pasaron a guarnecer la villa de Quillota, aumentando su número con reclutas del país. En noviembre de 1814 su estado militar da un total de 393 hombres, que aumentan en abril de 1815 a 436 plazas distribuidas en una compañía de granaderos, cinco de fusileros y una plana mayor (Coronel José Rodríguez Ballesteros; Sargento mayor José Miralles, 2 ayudantes, un capellán, 4 oficiales agregados, un cabo de gastadores y 4 gastadores). Este contingente se embarcó junto a los Cazadores de Chile (una compañía) y dos compañías del batallón Valdivia rumbo a Arica, para integrarse al ejército de Pezuela en el Alto perú.
                        Los chilotes desembarcaron en Arica el 5 de junio de 1815, a las órdenes del coronel Ballesteros y llegaron el 23 de julio a Challanta donde se amalgamaron con las compañías que el Coronel Maroto había llevado del batallón Talavera a comienzos de mayo, formando el tercer batallón del regimiento Victoria con un total de 800 hombres. En esta unidad los voluntarios de Castro siguieron combatiendo en el ejército realista del Perú hasta la batalla de Ayacucho.

                        Con respecto al uniforme: No he encontrado evidencias de que las milicias de Chiloé hayan vestido algún tipo de uniforme hasta la llegada de Pareja. Este brigadier les proporcionó las piezas de uniforme traídas de Lima, consistentes en chaquetas (sin faldones) azules con vueltas y cuellos rojos y botones dorados. Los chupines y pantalones eran blancos y se cubrían con gorras cuarteleras “de plato” azules con banda roja. El calzado usado mayoritariamente era la ojota chilota con medias de lana cruda. Durante la tregua de Lircay se proporcionaron algunas chaquetas de tocuyo azules con divisa roja, pero con botones plateados, en tanto las gorras cuarteleras eran reemplazadas, como elemento distintivo del ejército realista durante el mando del coronel Sánchez por gorros de lana rojos. El batallón no disponía de capotes, ni abrigos y los soldados se protegían del frío y la lluvia con ponchos de distintas tonalidades de gris o marrón. No he investigado el período de la Reconquista en Chile, por lo que no dispongo de datos referentes al uniforme que los chilotes vistieron después de Rancagua, pero es probable que usaran las casacas azules con solapa roja capturadas a los independistas en Los Andes.
Voluntarios de Castro al inicio de la campaña de 1813, equipados con morrales de lienzo y ponchos de distintos colores terciados sobre el hombro izquierdo. 

Vista ampliada del oficial y del tambor (sin galón distintivo). Se aprecia la variedad de pantalones y ojotas marrones o polainas negras.

Sargento primero

Vista posterior


domingo, 11 de agosto de 2013

RECUERDOS DE CINCUENTA AÑOS (continuación)

                        A mediados de la década de los 90, la llegada de internet me  mostró la verdadera magnitud del desarrollo del hobby a nivel mundial. Lo que se intuía en las páginas de Millitary Modelling, ahora estaba frente a mis envidiosos ojos. ¡¡Terrenos de juego perfectos, soldados pintados con detalles, sombras y brillos extraordinarios, reglamentos y… millones de wargamers!! La mayoría mayores que yo (entonces solo tenía algo más de 30 años) y muy entusiastas… Sin embargo, junto con este mundo inalcanzable, estaban los juegos de PC. Brotó nuevamente mi vena de ajedrecista y empecé a buscar juegos de estrategia militar. Obviamente, la oferta era amplia y, nuevamente, pinceles y cuchillas se guardaron. La verdad es que ante la imposibilidad de alcanzar la perfección, prácticamente abandoné todo intento de seguir con los wargames napoleónicos. Tampoco existían evidencias de que se pudieran adaptar los reglamentos napoleónicos a las minúsculas batallas de la independencia americana. Por otro lado, los reglamentos de escaramuza tampoco me atraían mucho, puesto que consideraban escenarios con 10 a 20 soldados por lado. El tiempo libre se iba en jugar frente al computador, desplazando íconos o miniaturas animadas, dependiendo del juego, que luchaban de acuerdo a algoritmos matemáticos. Pero entre juegos, también navegaba deleitándome con las novedades del hobby. Así, tomé contacto con dos amigos de EEUU que, indirectamente, me empujaron de nuevo a la senda abandonada.

LOS AÑOS 2000:
                        Terminando la década del 90, tuve conocimiento y le hice saber mi interés a Peter Panzeri, uno de los creadores de los reglamentos SANTA ANNA confeccionados para jugar wargames de escaramuzas o con ejércitos pequeños y reproducir las batallas y combates de la guerra mexico-estadounidense. Este reglamento me parecía que podía ajustarse a los combates de la Patria Vieja y, comencé a probarlo, desempolvando mis soldados de plástico. A fin de enviarle a Peter escenarios para su reglamento, hice mi primer resumen de la Patria Vieja, con órdenes de batalla y planos para todos los enfrentamientos, escaramuzas y batallas. Aprovechando estos datos, retomé el juego de computador de Norm Koger “AGE OF RIFLES” que, gracias a su editor permite recrear cualquier enfrentamiento, con una Inteligencia Artificial que puede modularse hasta lograr que la batalla corra sola en la manera histórica. A fin de una mejor reproducción visual (El juego es en DOS…) con un editor SHP pude hacer un módulo completo de la campaña de 1813, con uniformes, banderas y armamento (incluso lanchas cañoneras) que representaran fielmente los bandos contendientes en esta primera campaña dela Patria Vieja; este módulo todavía se encuentra en los archivos del grupo Yahoo de Ages of Rifles. Fue a través de este grupo que conocí a John Ferry, con quien jugamos completa la campaña de 1813 y nos hicimos amigos. El interés de John es la Guerra Civil Americana (ACW) y también jugamos muchos escenarios creados por él (yo siempre elegí a los confederados, después supe que John es recreacionista y representa a un oficial de la Unión). Entre lo que me contaba mi nuevo amigo, estaban sus planes y logros en el hobby: dioramas, recreaciones para enseñarle a escolares el estilo de vida y de lucha de la época, escribir una novela histórica y hacer un juego de computador específico para la ACW. Todos estos proyectos excitaron mi imaginación y comencé a pensar que tal vez, en vez de adaptar lo existente, debía crear un reglamento específico para wargames de la guerra de independencia y hacer mis propias figuras. Mis primeros pasos fueron en terreno conocido: Hice un reglamento casero, pensando en que se pudiera utilizar en Chile, con los escasos elementos disponibles. Al comienzo en escala 1:300, centrado en la campaña de Waterloo (siempre rondando), reduciendo la complejidad al máximo, pero manteniendo el estilo del período. Estaba en esto cuando recibí el golpe de los años: Después de modificar los soldados de Brunswick para el escenario de Quatre Brass, que era el escenario de prueba del reglamento, pretendí hacer lo mismo con los granaderos de la vieja guardia francesa y transformarlos en granaderos de Chile, pero luego de dos cortes con el cuchillo de hobby me di cuenta que no veía bien. Ya intuía que esos dolores de cabeza después de estudiar o leer se debían a la presbicia, pero ahora NO VEÍA, es decir tenía que alejar tanto las figuras de 25 mm para no verlas borrosas, que ya no se percibían los detalles… olvídense de pintar botones o correajes. De todas maneras completé el reglamento (lo llamé MOSACA, es decir Mosquete, sable y cañón) y comencé a testearlo para escalas menores: 1:75 y, para la Patria Vieja, 1:10. Luego de algunos años ya me acostumbré a los lentes y he vuelto a pintar con una lupa binocular de 4x.
Esta fue mi última conversión hecha sin lentes: Oficial y soldados de la Leib Garde de Brunswick (HAT) modificados y listos para pintar
Vista posterior de las mismas figuras. Estas no son fotos: Es un escaneo de las figuras fijadas con "patacosh" (de mis hijas) al borde de una caja de cartón. De esta manera la caja tapa la luz exterior y se obtienen estas imágenes. 


Otro grupo de figuras pintadas, las tres primeras como el tercer batallón ligero (con un músico) y las otras tres son del segundo batallón ligero (el sargento se distingue por su faja bicolor y cartuchera ventral)

Vista posterior de mi último trabajo de pintura a "ojo desnudo"

LOS AÑOS 2010:
                        Y aquí estamos, y los dolores de cabeza me advierten que requiero de un tercer recambio de lentes, pero sigo intentando completar mis ejércitos de la Patria Vieja. Claro que también estoy evaluando la escala de 6 mm… Seguramente dirán: “Apenas puede ver los soldados de 25 mm, ¡¿Cómo se le ocurre intentar siquiera ver los de 6 mm?!. Bueno lo cierto es que en 2 horas he pintado 24 soldados, incluido comando, del batallón Concepción (Spanish infantry BACCUS) y son mucho más fáciles de pintar que los de 25 mm. No hay que fijarse en botones (no los hay), ni ojos, ni perfilar equipo, ni los refuerzos de bronce de mosquetes. Todo es básico, pero el resultado es muy llamativo.
El batallón Concepción en 6 mm... Es bastante llamativo el despliegue, solo desentona el asta del abanderado (parece un escoses levantando un tronco). Me parece que pintar todas estas figures en 2 horas no está mal para ser la primera vez.


Por si no me creían que eran soldados de 6 mm, aquí se comparan con las "gigantes" de 28 mm.

                        Sin embargo, lo que fue un verdadero picanazo para insistir en el hobby, ya lo he dicho en otras entradas, fue la conmemoración del Bicentenario de la Independencia Nacional. Más allá de que esta celebración debiera ser en 2018, se evidenció un desconocimiento tan marcado de los sacrificios de tantos chilenos durante la Patria Vieja, que el malestar que me embargó llamó la atención de mi mujer. Ella me sacó de la depresión y me instó a insistir. Gracias a ella estoy hoy, domingo, escribiendo esto y, gracias a ella, en un par de semanas más se publicará la CRÓNICA MILITAR DE LA PATRIA VIEJA, que según las palabras de María de los Ángeles: “Es como un recetario de cocina. Describe como se forman los ejércitos, como son los campos de batalla, como se visten los soldados y funcionan las armas, en fin, tiene todos los elementos como para recrear la época” Lógica femenina: Clara y pragmática.

                        El resto de mi historia con respecto al hobby y la historia militar la iremos escribiendo en este Blog. Espero que les sirva de inspiración para que descubran, antes de que los años les pasen la cuenta, que recrear el Sitio de Chillán o la batalla de San Carlos con soldados a escala y uniformados de acuerdo a la evidencia histórica, es tan entretenido cono llevar a cabo una partida de Warhammer o poner en la mesa a los granaderos de Napoleón enfrentados a los Highlanders de Wellington… con el estímulo adicional de que quizás estemos representando con alguna figura, a algún ancestro que la historia no quiere recordar. 

domingo, 4 de agosto de 2013

RECUERDOS DE CINCUENTA AÑOS

                        Luego de leer el comentario de Alfredo Fuentes en la entrada “Recreando la batalla de San Carlos” y revisar su blog (guerrerosaustrales.blogspot.com) sentí curiosidad acerca de qué se encuentra en la WEB respecto a los wargamers chilenos. La verdad es que existen pocos sitios y la explicación la dan los mismos blogeros: El poco desarrollo del hobby en Chile y la limitación en la oferta de figuras casi exclusivamente a la escala 1/72 de plástico.
                        Sin darme cuenta me encontré rememorando mi propia trayectoria en el desarrollo del modelismo militar y los wargames. Mis recuerdos me llevaron hasta los 4 años y entonces me di cuenta que casi han pasado 50 años en que he ido casi “a pulso” descubriendo y desarrollando un hobby que hoy, gracias a internet, está al alcance de la mano.
                        Es por este motivo que decidí parafrasear a Vicente Perez Rosales y contar mi historia a los wargames chilenos. Pido disculpas a los interesados en la Patria Vieja, pero es posible que mi experiencia, aunque fuera de tópico les sirva de estímulo o, al menos, los entretenga.  

LOS AÑOS 60:
                        Mi interés por la historia militar fue un verdadero “Reto al Destino”. En mi familia, la experiencia de nuestros antepasados militares fue más bien traumática: Incorporarse al partido carrerino durante la Patria Vieja la tuvo al borde de la desaparición y tuvo un costo económico que escarmentó duramente a los Benavente.  Con la excepción de Diego  José que incursionó en la política, todos se aislaron en sus campos para velar por su estabilidad económica. Mi padre salió del campo para estudiar psicología, ingresó al partido socialista y se casó con mi madre, educadora de párvulos y Normalista (los antiguos  sabrán lo que significa), por lo tanto: radical. En un ambiente de reforma universitaria y de  reivindicaciones sociales, no recuerdo haber oído mencionar la palabra “soldado”, sin embargo, mi primer contacto con lo que significa la milicia fue fortuito y a los 4 años de edad:
                        Acompañé a mamá a comprar a la Plaza Perú en Concepción y nos encontramos con una formación de cadetes de la Escuela Naval que se estaba preparando para rendir honores (no recuerdo a qué). La música militar y la marcialidad y disciplina de los cadetes mientras marchaban hasta su posición de alto me impactaron. El silencio posterior me permitió observar sus impecables uniformes con pantalones blancos que destacaban el negro de los fusiles Mauser y el brillo de las bayonetas. Al silencio siguieron órdenes ininteligibles que eran seguidas por secos y precisos movimientos de armas. Me maravilló la forma en que cada cadete formaba parte de un todo que semejaba un cuerpo con vida propia… Entonces sentí en mis hombros las cálidas manos de mi madre que me presionaban en un inconfundible gesto de apoyo, protección y…¡¡¡BAAAMMM!!! La descarga fue seguida por alaridos de terror, llantos de niños, risas nerviosas y el tintineo de los casquillos en el pavimento. Espantado miré a mamá que sonreía (después me dijo que sabía que iban a disparar, por eso me sujetó más firme) y luego… ¡¡¡BAAAMMM!!! Esta vez el tintineo en el pavimento fue casi musical y me entusiasmó la calma de los cadetes que entre el olor a pólvora, los gritos y llantos, maniobraban sus fusiles con una calma que contrastaba con la batahola reinante y los hacía ver como los únicos (además de mi mamá) que dominaban la situación. La tercera descarga la contemplé extasiado y estaba en una nube de emoción cuando se retiraban estos “Superhombres” al compás de la marcha de los Nibelungos… Así empezó todo, y como pueden ver lo recuerdo nítidamente. Luego vino la larga espera hasta mi cumpleaños para que me regalaran mis primeros soldados de plomo, que eran figuras semiplanas de cadetes de la escuela militar. Mi padre, siempre pacifista, prefirió regalarme la banda completa, algunos soldados con fusiles y unos pocos con uniforme rojo y pickelhaube disparando… Pero yo quería que mis soldados me defendieran de “los malos” y los instrumentos eran sofisticadas armas que penetraban las armaduras de los enemigos (piezas de ajedrez). En estos combates épicos los cadetes fusileros perdieron las puntas de sus fusiles y quedaron armados de “metralletas recortadas”. Desde entonces me olvidé de autitos, triciclo, futbol, etc. Y solo buscaba soldaditos… mi colección se incremento con algunos rechonchos americanos de bakelita y unos “multipose” que hice con plasticina armados con fusiles de fósforos hasta que en 1966 mi papá fue a hacer un Magister a la universidad de Minessota. Nosotros lo acompañamos y vivimos en Minneapolis, donde la oferta de figuras era inimaginable para un niño del Chile de esos tiempos.
Mis primeros soldados de plomo. Fueron y volvieron de EEUU
                        Como había pocos soldados que comprar en Chile, mi mesada se iba en los comics “Trinchera”, “U2” y “S.O.S.” que relataban historias fundamentalmente de la segunda guerra mundial (WWII). Por lo tanto, en gringolandia (que era entonces como es chilito ahora del punto de vista del comercio establecido), mientras mis papás hacían las compras de supermercado yo me iba a los juguetes y ajustaba mi mesada a los soldados (generalmente 54 mm) de esa guerra que podía comprar, hasta que en una visita al Mall “Plaza Apache”, en una juguetería encontré los soldados AIRFIX 1/72 que comenzaron a luchar en mi caja de arena (mi primer terreno de juego) junto a figuras de mongoles y vaqueros GIANT.
                        Tenía un amigo: Glenn Rank, que compartía la afición y le encantaba la bandera chilena de mis soldados de plomo (así como la costumbre de la once –le decían eleven- y el pan amasado por mi mamá), también jugamos un wargame de tablero tipo “WAR” que me hizo empezar a pensar que un dado era menos peligroso para mis soldados que las bolitas o los elásticos.
Los primeros AIRFIX que tuve

No eran muy detallados, pero para mí eran obras de arte.
 También compre rusos y japoneses
                        Cuando nos veníamos, me llegó una caja con soldados de la guerra de independencia de EEUU (AWI) que había encargado con un cupón de un comic. Alcanzamos a jugar poco con ellos y volví al desierto del wargame chileno. La familia de Glenn se trasladaba ese mismo año (parece que a New Jersey) y me anotó su dirección en la caja de una alcancía que me regaló. Por desgracia esa caja desapareció en alguno de los órdenes y aseos de mi mamá… Pero no dejo de recordar a Glenn y siempre lo busco en las fotos de convenciones de wargames, quizás algún día…

LOS AÑOS 70:
                        La falta de figuras poco a poco fue desplazando mi interés de los juegos de guerra hacia el ajedrez, lo que no impidió que le encargara soldados a una tía que, recibida de Tecnología Médica, fue a hacer una estadía en Arica. En esos tiempos en Tacna se encontraba de todo y el “Matute” era una institución, como ocurre siempre que hay restricciones a las importaciones. Así, me llegaron unos confederados y caballeros cruzados en 54 mm de la marca Timpo Toys. Estaban fuera de mi época de interés (WWII), pero eran bonitos y también fueron victimas de mi pistola lanza-elásticos, sin embargo, el ajedrez seguía ocupando mi tiempo libre hasta que… vi la película “Waterloo” de Sergei Bondarchuk  y Dino De Laurentis. Las masivas formaciones de vistosos uniformes me re-encantaron y desempolvé los soldados azules y rojos de la AWI. Obviamente debía pintarlos, pero también eso era tarea difícil. La témpera no agarraba el plástico (y se desprendía de mis cadetes de plomo, que aún sobrevivían, aunque solo en harapos), así es que compre lo único disponible, esmalte Tricolor en tarritos de 125 cc (los más chicos de las ferreterías). Pero no habían pinceles finos, por lo tanto debía usar mondadientes, lo que sumado a que debía mezclar colores, porque la oferta era limitada, significaba manchar todo. Después de la primera sesión de pintura mi mamá debió limpiar con aguarrás piso, cortinas, cubrecama, baño y toallas. No me retó, pero su cara seria y sus resoplidos mientras me fregaba la cara y manos (¡hasta los codos!) fueron una advertencia muy eficaz. Las próximas sesiones de pintura eran ritualísticas: Me ponía ropa vieja destinada al campo, manguillas y unos guantes viejos de cuero de mi mamá que me quedaban grandes. Luego empapelaba con diarios el piso y la cama, corría las cortinas y comenzaba. Al terminar, dejaba las figuras pintadas en la ventana, sobre un diario limpio, cerraba los tarros cuidando de limpiar los chorros de pintura y luego envolvía mondadientes y todos los diarios manchados. Sobre el montón dejaba guantes y manguillas. Al día siguiente, cuando el esmalte estaba seco (Si, demoraba un día entero en secarse) botaba los diarios y guardaba el equipo y pinturas.
Este es el cupón que encontré en un comic (parece que David Crocket) No sale la marca, pero en www.plasticsoldierreview.com dicen que son GIANT.


                         
Las distintas figuras, los números de cada una se ven en el cupón. El tamaño es aproximadamente 28 mm, excepto el "minute man" que es 25 mm como los AIRFIX.
                     El resultado, aunque tosco, era llamativo. Un ejército rojo y un ejército azul con 4 batallones que se distinguían por pantalones y puños de otro color, dos escuadrones de caballería y seis cañones comandados por un general a caballo se enfrentaban parapetados entre fichas de dominó, cocos de eucalíptus y regletas del sistema cuisenaire. Los proyectiles (uno por cañón cada turno) eran 4 postones en una bola de plasticina (las bolitas rodaban mucho) lanzados por una catapulta que compré en un viaje a Tacna cuando fuimos a ver a la Tía Nina a Arica. Cuando a un ejército le quedaban pocos cañones o veía que el enemigo estaba debilitado avanzaba para buscar el enfrentamiento (la caballería a doble velocidad, por lo que recibía menos tiros). La mélè se resolvía poniendo los soldados uno contra uno y tirando desde arriba postones sueltos, si el soldado caía boca abajo, se volvía a incorporar; en caso contrario estaba muerto y se retiraba. Las batallas eran a muerte y lograron entusiasmar a algunos compañeros de colegio, con los que compartíamos tardes completas. Sin embargo no había manera de que tuvieran sus ejércitos propios, ni yo podía aumentar el mío para recrear batallas históricas (soñaba con la carga masiva de caballería de Waterloo). Un verano pensé que podría reproducir mis soldados en plomo y traté de hacer matrices de yeso, pero no disponía del conocimiento necesario (tenía 13 años y no había internet, ni libros especializados) y fue un fracaso rotundo. Entonces me febriqué ejércitos de cartulina, calcando (no habían fotofopias, ni PC, ni scanners) unos soldados de la contratapa de la revista MAMPATO decenas de veces para formar dos ejércitos (Rojos y Verdes) pintados con lápiz Scripto (los únicos disponibles) con más de 100 soldados de infantería, 6 cañones con sus artilleros y 2 escuadrones de 14 jinetes por ejército, sin embargo, aunque bien pintados, los soldados eran planos y de una sola cara y no se veían bien en un “terreno” tridimensional. Aprovechando el impulso, usé una perforadora y los círculos de cartón forrado fueron pintados con un círculo azul o rojo y una línea del color distintivo del batallón. Los cañones se pegaban en el extremo de una tira de 1 x 2 cms y los jinetes en el medio de un “caballo” del mismo tamaño. Estos ejércitos ya se desplazaban por distancias medidas con regla y el dado marcaba los resultados del fuego de artillería y de las mélès. Así inventé mi primer reglamento de wargame napoleónico, Pero estos juegos ya no entusiasmaban a mis amigos y era muy engorroso desplazar uno a uno los círculos de cartón, nunca pude terminar una batalla y poco a poco el sistema me aburrió. En todo caso, ya las hormonas me estaban exigiendo ocupar mi tiempo en otras cosas y la adolescencia me convenció, erróneamente, que los soldaditos eran cosa de niños. Sin embargo, siempre me gustó leer y  la lectura siempre me mantuvo en contacto con la historia militar.

LOS AÑOS 80:
                        En 1977, a los 17 años me fui a Santiago a estudiar medicina en la Universidad de Chile (si, en Concepción hay universidad, pero era adolescente y la U. de Chile era LA UNIVERSIDAD DE CHILE), le gracia me costo bajar 8 kilos en 2 meses, fumar 15 a 20 cigarrillos al día, una gastritis crónica por las trasnochadas apuntaladas con café y arrancar de golpe y brutalmente los últimos vestigios de la despreocupada infancia que hasta entonces había disfrutado. Estudié mucho. Afortunadamente había Toque de Queda, asi es que los carretes duraban hasta la 1 de la noche y se podía llevar una activa vida social (desde las 20:00 hrs hasta la 1:00 son 5 horas en las que se puede hacer mucho) y mantener un desempeño académico adecuado, pero olvídense de pasatiempos. Recién en el tercer año de la carrera la presión disminuyó y empecé a encontrar que tenía tiempo libre y al año siguiente (1980) comencé a visitar las tiendas de hobbies que disponían de una amplia, pero limitada oferta de maquetas y soldados. Ahí encontré nuevamente los soldados AIRFIX 1/72, pero por tomar lo que había, volví a los tanques y soldados de la WWII. Pero mi presupuesto era limitado y nuevamente empecé a pensar en reproducirlos en plomo. Esta vez tomé los AIRFIX de la Guerra civil americana (ACW) y los hundía en yeso para luego tallar el yeso dándole forma a la matriz hasta la línea de separación del molde original. El problema es que era tedioso y era inevitable dañar el original. Un día se me ocurrió meter el original en plasticina y modelar la pasta con una herramienta casera, luego verter el yeso, sacar la plasticina, pintar con aceite de motor y verter la otra cara de la matriz de yeso. El resultado: ¡¡Éxito!!... pero era tarde, ya debía entrar al internado y de nuevo el tiempo era limitado. Me conformaba jugando en solitario o con un amigo de la universidad un juego de tablero que era un Wargame que inventé usando un reglamento y organización de los ejércitos basado en la guerra Franco-Prusiana (no recuerdo porqué elegí este período, pero era entretenido).
                        Terminé mi carrera y luego volví a Concepción a hacer una beca de especialización (7 años en Santiago fueron suficientes para escarmentarme), me casé y empecé a trabajar en el hospital de Santa Cruz (Sexta Región) en marzo de 1987.

LOS AÑOS 90:
                        Luego de un par de años de aclimatación a mi nueva vida de profesional y jefe de familia, nuevamente empecé a disponer de algún tiempo y… dinero. En ocasiones me entretenía armando tanques, que pintaba con témpera y luego los barnizaba (si hubiera sabido esto antes, mis cadetes  hubieran recuperado sus uniformes), también armé algunos soldados de 54 mm, pero esta vez usé acrílicos (¡¡nunca más esmaltes!!). También compré una “Enciclopedia” de modelismo donde salían técnicas de pintura y… ¡Oh, sorpresa! Como reproducir figuras usando la técnica del medio molde con plasticina, pero con silicona en vez de yeso. En un viaje a Santiago vi en una librería la revista “Military Modelling” y me suscribí a ella. Mes a mes aprendía nuevas técnicas de pintura, transformaciones y de historias de unidades napoleónicas, por lo que nuevamente retomé el rumbo de las guerras del “Caballo y Mosquete”, sin embargo a Chile no llegaban ni el Milliput, ni siliconas, ni las magníficas figuras que aparecían en la revista. En 1990 me trasladé a Curicó y pude comprar por correo (Aún no había internet) un kit para hacer matrices de silicona y reproducir soldados en plomo. Simultáneamente, a través de Military Modelling supe de Terry D. Hooker, especialista británico en los ejércitos de América Latina y editor de la revista “El Dorado”. Mantuvimos un agradable e interesante contacto epistolar y esto me derivó a mi actual interés: La Guerra de Independencia de Sudamérica.

                        Terry me enviaba gratuitamente las ediciones de El Dorado a cambio de información del ejército de Chile (Histórica, no se trata de espiar el estado actual de las FFAA). Esto me hizo buscar en bibliotecas (afortunadamente ya habían fotocopiadoras), revistas, libros que ya había olvidado, etc. A pesar de todo lo que le envié, incluyendo un par de artículos (uno publicado) de investigación, creo que sigo estando en deuda con Terry. No tengo dudas de que sin su impulso, ni la “Crónica Militar de la Patria Vieja”, ni este Blog existirían. Ya con un proyecto definido, empecé a modificar figuras napoleónicas AIRFIX y ESCI para representar unidades chilenas, logré hacer algunas figuras en plomo antes que se me acabara la silicona y a pintarlas. Ya a mediados de los ’90 internet era una realidad y con ella entraba a conocer la magnitud de un hobby que había desarrollado en solitario… Pero ya esto se prolonga mucho. En otra entrada completo estos “Recuerdos…”








miércoles, 5 de junio de 2013

BATALLÓN DE INFANTERÍA LIGERA VETERANO DE CHILOÉ

                        En el año de 1794 se formaron las primeras unidades de línea en el archipiélago de Chiloé, dependiente del Virreinato del Perú. Consistían en una compañía de dragones y dos de infantería, cada una con 77 plazas. En los años siguientes, el número de soldados fue aumentando progresivamente, hasta que en 1807 se organizó el batallón de infantería ligera veterano de Chiloé. Los hombres de la antigua compañía de dragones pasaron a constituir la compañía de granaderos del nuevo batallón, en tanto que las dos compañías de infantería se dividieron para llenar las plazas de cuatro compañías de fusileros. El nuevo batallón, con 407 soldados y oficiales estaba bajo el mando del coronel Manuel Montoya.
                        La primera campaña del veterano de Chiloé fue la marcha de Carelmapu a Osorno en mayo de 1812, destinado a restaurar el dominio realista en Osorno y Valdivia que estaban regidas por una junta gubernativa que adhería al gobierno de José Miguel Carrera. Aunque cuando los soldados chilotes llegaron a Osorno encontraron que la junta valdiviana se había declarado por el Rey, la determinación de la población del archipiélago de Chiloé había demostrado que estaba dispuesta a defender con las armas la causa realista.
                        Y esta determinación fue bien aprovechada por el virrey Abascal, quien decidió utilizar a Chiloé como la principal base de operaciones de la expedición destinada a reconquistar la Capitanía General de Chile.
                        El 13 de marzo de 1813 zarpó de Ancud la expedición del brigadier Pareja; a bordo iban, junto a los artilleros y voluntarios de Castro, 291 oficiales y soldados del veterano de Chiloé al mando del capitán Carlos Oresqui (Montoya quedó en la isla organizando otro batallón de reserva). Dos semanas después, el 27 de marzo, el batallón de infantería ligera veterano de Chiloé, recibía su bautismo de fuego en el asalto de las alturas de Talcahuano.
                        Es posible que a los conocedores de las campañas de la Patria Vieja les haya llamado la atención el número de soldados de este batallón. El coronel José Rodriguez Ballesteros en su “Revista de la Guerra de la Independencia de Chile” afirma que el batallón contaba con 500 plazas. Esta cifra es repetida sin mayor análisis por Barros Arana y Encina, sin considerar los datos proporcionados en diversos documentos por el padre Martinez, Quintanilla, Pareja, el coronel Berganza y el cura Berganza (capellán de la expedición) que cifran el total de la expedición (incluyendo los batallones Chiloé, Castro, Valdivia y artilleros) entre 1.400 y 1.500 hombres. Estas cifras también se ajustan a la capacidad de trasporte de la flotilla de pareja, constituida por dos fragatas, dos bergantines y dos goletas, además de cinco dalcas chilotas. Es imposible que estas embarcaciones tuvieran espacio para embarcar los 20 cañones y 2.070 hombres que menciona Ballesteros. Por último, existe un documento en el Archivo Nacional (Ministerio de Guerra, volumen 8) en que se consignan las asignaciones dadas a los familiares de todos los expedicionarios de Chiloe, de donde he extraído el numero de 13 oficiales y 278 suboficiales, tambores y soldados del batallón veterano de Chiloé.
                        En todo caso, en Concepción los batallones chilotes y el Valdivia completaron sus cuadros con los veteranos del batallón Concepción, por lo que el Chiloé, que conservaba sus cuatro compañías de fusileros y la compañía de granaderos, debe haber alcanzado a unas 390 plazas.
                        Los chilotes combatieron en todos y cada uno de los combates de la Patria Vieja, ya sea como cuerpo (Talcahuano, Yerbas Buenas, San Carlos, Chillán) o como partidas de voluntarios que conformaban las guerrillas de fusileros montados. Finalmente, junto al batallón auxiliar de Chiloé, les correspondió atacar la trinchera este en la batalla de Rancagua. Para entonces, su número se encontraba reducido a 241 hombres (nuevamente debemos poner en duda las cifras de Ballesteros que contradicen los documentos de la época).
                        Durante la Reconquista (Octubre 1814 a febrero de 1817) el batallón de infantería ligera veterano de Chiloé fue reorganizado según la nueva ordenanza del ejército español, en una compañía de granaderos, una de cazadores y seis de fusileros. Sin embargo, la recluta para cubrir los cuadros fue lenta y en enero 1816 las compañías de fusileros contaban cada una con poco más de 20 hombres. Finalmente, el 14 de enero de 1817 sus efectivos eran: Plana mayor (Coronel Manuel Montoya; ayudante mayor Francisco Arenas; ayudantes agregados José Hurtado y Juan Cárdenas; abanderado; capellán; tambor mayor, cabo de gastadores y 6 gastadores). Compañía granaderos (94 hombres); compañía cazadores (100 hombres); Primera compañía fusileros (69 hombres); segunda compañía fusileros (78 hombres); tercera (67); cuarta (73); quinta (77) y sexta (72). De estos 644 hombres unos 500 lucharon en Chacabuco (no he estudiado en profundidad esta campaña, por lo que no puedo asegurar la cifra), batalla en la que se extinguió el batallón.
                         Con respecto al uniforme del batallón, lo más probable es que haya iniciado la campaña de 1813 (incluso su incursión de 1812) con el uniforme marrón de la infantería ligera española utilizado en la guerra de los Pirineos. Este uniforme es el consignado en el Estado Militar de España de 1817, cuando se menciona por primera vez el batallón de infantería ligera veterano de Chiloé. Los estados militares sufrieron varios contratiempos y omisiones durante la guerra de la península, por lo que no es de extrañar que la información esté atrasada, al punto de aparecer en el momento en que el batallón había dejado de existir.

Con el transcurso de la campaña, este uniforme fue dando paso a prendas civiles, casacas arrebatadas a los enemigos y las chaquetas azules con vuelta y cuello encarnado y botón blanco que debieron usar en Rancagua. 

Batallón de infantería ligera veterano de Chiloé en uniforme de campaña de 1813. Al igual que en la guerra peninsular, los frailes franciscanos fueron fieros defensores de los derechos de Fernando VII

Escaramuzadores en un bosque


Comando, el segundo de izquierda a derecha es un sargento.

Vista posterior

Inspeccionando una hacienda (sin los muros divisorios de los patios interiores)